La finalidad de una profesión como es la de bombero, es apagar
fuegos, salvar vidas; la función del dentista se trata de arreglar y dejar lo
mejor posible la dentadura de su cliente; un vendedor de inmuebles, vender
tantos pisos sea capaz, etc. Y si cualquier maestro, no cansado de su
profesión, tuviese que contestar de manera breve cuál es el fin de su
profesión, su respuesta general sería la de educar, enseñar y formar.
Educar.
Según el D.R.A.E. (Diccionario de la Real Academia Española), significa
desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales o morales del niño o
joven por medio de ejercicios, ejemplos, juegos, etc.
Toda educación se mueve en el binomio información-formación. La información nos proporciona los conocimientos
necesarios para manejarnos en la sociedad y conseguir una capacitación
profesional que permita el desarrollo personal en el trabajo. Sí, el sistema
educativo actual nos prepara, nos forma para el aspecto profesional, ¿pero
realmente se ocupa del aspecto más humano?, ¿el que permite perfeccionar
ciertas facultades humanas? La educación debe también conducir a la formación
de un hombre más maduro, más completo y más coherente. El hombre es maduro
cuando alcanza un buen equilibrio personal entre sus facultades intelectuales,
su cuerpo y sus relaciones sociales. Tal y como dice Arturo Ramo García,
inspector de educación y autor de varios libros sobre el tema “el hombre formado es más humano y más espiritual, más
dueño de sí mismo”.
Y aquí es donde radica el problema, el verdadero problema del
sistema educativo mundial. Vivimos en un mundo capitalista, consumista,
globalizado e industrializado, donde lo importante es el dinero. Esa es la base
de todo, el dinero, todo se mueve entorno a los resultados inmediatos, en cómo “hacerse
rico” lo más rápido posible. Y así es como está estructurado el sistema
educativo mundial, en la formación repetitiva y continua de las piezas del puzzle,
como si la sociedad no hubiese evolucionado desde la Revolución Industrial,
momento que dio lugar a todo esto. El sistema actual no favorece la creatividad
de los estudiantes, tan solo crea robots, piezas de la estructura que dicen es
esto del “mundo moderno”.
“La mayor parte de las gentes confunde la educación con la
instrucción”, Severo Catalina.
Es posible que la educación perfecta, ideal, no exista. O que en
la actualidad no estemos preparados para verla, pero si puede existir una
versión renovada o mejorada de la actual, la cual está desfasada desde hace décadas.
La educación que buscamos es aquella que nos permite desarrollarnos como
personas, que nos ayuda a ser autosuficientes en pensamiento, nos ayuda a
mejorar nuestra creatividad, imaginación, expresión, mentalidad, etc. A la vez
que nos forma para el mundo profesional pero de una manera distinta, menos encasillada,
más creativa, en definitiva y utilizando un vocabulario coloquial, más rebelde “sin
reglas”. La educación es un proceso evolutivo. Los educadores han de adaptarse
a las necesidades y capacidades de los niños y niñas en cada etapa. Entre los
educadores y los niños y niñas no se deben establecer relaciones de poder, sino
vínculos de respeto y promoción de la autonomía. La educación debe ser un
proceso constructivo, tanto por parte del niño como de los adultos. La persona
no se limita a incorporar los conocimientos que le llegan de fuera, sino que
los reconstruye de un modo individual. La educación no es un proceso lineal.
Hay avances, retrocesos y estancamientos. Además, es un proceso que dura toda
la vida. Una persona no “es” educada, “está” educándose, siempre abierta al
aprendizaje que le aportan las nuevas experiencias.
La educación no es sólo un proceso individual. Somos seres
sociales y necesitamos aprender a ser persona con otros. No hay un único método
válido para educar como no hay una sola forma de sociedad.

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